Hechos 4:31 Todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.
Hebreos 4:12 Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.
EVANGELIZAR
1 Pedro 3:15 Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.
Hechos 19:20 Así la palabra del Señor crecía y se difundía con poder arrollador.
El testimonio de lo que Dios hizo en mi vida es un importante recurso para que otros puedan apreciar el obrar de Dios.
Abre los corazones a la ministración de la palabra de Dios.
Pero los testimonios no convierten, es la verdad la que nos hace libres.
Es ella proclamación con fe y con unción, Palabra y Espíritu, la que tiene poder para convertir y transformar corazón.
La proclama con fe y unción del hecho de Cristo.
Todo lo que Cristo en favor de la salvación de los que cree,
Esta buena noticias (evangelio) es poder para salvación.
DISCIPULAR
Colosenses 3:16 Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría;
2 Timoteo 4:2 Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.
La esencia del discipulado es la transmisión de la Palabra.
Enseñar a obedecer todo aquello que Cristo nos ha mandado. Mateo 28:20
Esa es la gran diferencia entre formar e informar, entre contener y edificar.
Es necesario proclamar la verdad, aquello que apela y edifica la fe (kerigma)
A fin de comunicar gracia a quienes nos escuchan.
En esa proclama hay revelación y hay provisión.
Esa ministración de la verdad, debe ir adecuadamente acompañada de los mandamientos (didaché)
Aquello que apela a la obediencia.
En la obediencia hay trasnformación.
Para formar vidas tenemos que equilibrar la ministración de la fe y la obediencia, la verdad y los mandamientos.


Al ministrar debemos estar con la completa seguridad que es el Espíritu Santo y no emociones. Pero Dios respalda la obediencia. En la medida que obedecemos, el Señor nos sigue utilizando para su Gloria y Honra. Cuidado con el que juzgue la ministración, si no tiene el discernimiento de Espíritu; pues podría caer en blasfemia, la cual no hay perdón de Dios. Cuando es ministrado se retiene todo, siempre que está ministración le imparte Paz y el Espíritu a la persona que se ministre, el Espíritu mismo le deja sentir esa seguridad. Lo que no le da Paz, no viene de Dios. Pues por los frutos los conoceréis. En I Tes.5:19-22 “No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.” Solo estemos llenos de la Presencia de Dios y orando, ayunando y llenarnos del conocimeinto de Dios, que es la Palabra del Señor. DTBMMMMMMM
Comentario por Wanda Rivera Miranda — julio 7, 2011 @ 8:40 pm